lunes, 23 de julio de 2012

¿Cómo surge un líder?






Por Alvaro Irigoitia
Una cuestión ineludible al hablar de liderazgo es aquella que plantea si esta condición nace con el individuo o se logra mediante la formación y el desarrollo de las competencias necesarias. Ambas alternativas son opuestas y excluyentes, por lo que se hace necesario considerar una tercera opción: la alternativa del potencial.Para comenzar a recorrer el camino del liderazgo, lo mejor que podemos hacer es llegar a una definición genérica del mismo y trabajar a partir de ella.
Como referencia podemos tomar a John C. Maxwell, autor de “Las 21 leyes irrefutables del liderazgo”, quien nos otorga una idea clara y sencilla sobre esta condición: “Liderazgo es influencia”. Con la misma base de partida, Stephen P. Robbins, autor de “Comportamiento Organizacional”, los define de la siguiente manera: “Encontramos que el liderazgo es un proceso de influencia, en el cuál un individuo facilita con su accionar el movimiento de un grupo de personas hacia el logro de un objetivo común”. Desde otra perspectiva, para el autor de “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, Stephen Covey, “el liderazgo es la capacidad de inspirar a las personas para que ellas mismas aprecien y desarrollen sus habilidades”.
Hasta aquí podríamos concluir parcialmente que el liderazgo es un proceso de influencia, donde un individuo comparte con un grupo de personas una visión inspiradora, generando compromiso y motivación, para el logro de los objetivos comunitarios e individuales.
Teorías y nociones contemporáneasDurante ocho décadas hemos avanzado en la concepción y desarrollo del liderazgo a través de distintas teorías y suposiciones contemporáneas sobre características, comportamientos, situaciones, seguidores y atribuciones, que hacen o deshacen al líder y a su desempeño. Sin embargo, aún no hemos podido llegar a una conclusión que aplique de forma definitiva.
Luego de fallar en la aplicación buscada por la teoría de los rasgos y el enfoque del comportamiento, nos encontramos con la corriente teórica de las contingencias en la que distintos líderes, con diferentes orientaciones aplican ante diversas situaciones, considerando una serie de factores circunstanciales como el poder de la posición y la relación líder-seguidor.
Desde una perspectiva diferente, la teoría de la atribución del liderazgo plantea que esta competencia no es más que una atribución que las personas hacen respecto de otro individuo. De esta manera, el liderazgo no depende enteramente del accionar del sujeto o de la situación en la que se encuentra, sino de los valores que otras personas le asignen a su comportamiento.
La eterna pregunta
Con sólo teclear “¿Los líderes nacen o se hacen?” en Google, obtendremos más de 400 mil resultados inmediatos, siendo la respuesta divergente entre caso y caso. Este tipo de situación es un claro fundamento de que la dicotómica duda se ha instaurado en el pensamiento colectivo y no muestra aún respuestas finales.
Es evidente que no es tarea fácil encasillar en una sola alternativa a los líderes, y es que las opciones que se nos presentan están contrapuestas de una manera excluyente, no permitiendo un punto intermedio o tercer camino.
Para no descartar del todo el hecho de que las características que hacen al líder nazcan con la persona, podemos darnos el gusto de decir que todos poseemos el potencial para convertirnos en grandes líderes y que cada persona posee dentro sí misma una orientación básica de liderazgo.
Tampoco debemos desechar del todo la idea de que los líderes se hacen, ya que desde esta perspectiva podemos enseñar a las personas lo que es un líder, dar ejemplos sobre los mismos e incluso, dotar de habilidades y herramientas necesarias para potenciar esta competencia a quienes se encuentren en situaciones de liderazgo o se les
atribuya tal condición.
Pero no nos detengamos aquí, considerando los distintos conceptos, teorías y supuestos planteados, surge una tercera opción a la doble elección entre rasgos de nacimiento y construcción de líderes: el liderazgo surge.
El surgimiento
La realidad nos indica que, con o sin las habilidades requeridas, muchas personas, al enfrentarse a situaciones de crisis, momentos críticos y/o de gran complejidad, despiertan talentos dormidos que les permiten obtener los mejores resultados del grupo humano que las rodea y alcanzar los objetivos requeridos para tener éxito.
Entonces, bajo este punto de vista, todos nacemos con las herramientas necesarias para alcanzar nuestro propio potencial, pero no todos somos capaces de despertar esa potencialidad. Así, la capacidad de liderazgo, entre otras, depende de la voluntad del individuo para surgir como tal, como también de las situaciones que la catalizan, de quienes lo rodean durante las mismas y del desarrollo de ciertas habilidades y conocimientos complementarios.
En definitiva, líder es quien surge como tal ante la situación disparadora del potencial, logra adaptarse a la misma, se le atribuye esta condición y triunfa en guiar a sus seguidores a la meta común y personal mediante el desarrollo de los mismos.
Autor Alvaro Irigoitia Licenciado en Administración, Especialista en Gestión de los Recursos Humanos. Irigoitia, Romero & Asociados.
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