sábado, 24 de noviembre de 2012

Empresas Familiares – conflictos






por Dr. Gustavo Aramburu
La Empresa Familiar
Son aquellas empresas cuya titularidad está en manos, predominantemente, de personas que están vinculadas por lazos familiares.Los conflictos que surgen entre ellos son los propios de las familias a los que se agregan los de la misma actividad empresaria. Con frecuencia los conflictos familiares se transfieren a la actividad empresaria perturbando su funcionamiento.
Las conflictivas básica de toda empresa familiar son dos: el conflicto entre las generaciones masculinas y el conflicto con la mujer en la empresa. La guerra generacional es el conflicto entre el padre y los hijos por la conducción o sucesión en la empresa, y el conflicto con la mujer es entre el rechazo y la inclusión de las hijas y la esposa en la empresa.
El conflicto generacional
Es frecuente que las guerras generacionales se manifiesten como una lucha de los que pertenecen a la misma generación, como ser los problemas entre hermanos. Otras veces, tales guerras aparecen desplazadas en otras disputas con parientes, como las esposas de los hermanos, la madre, o las hermanas, que “apoyan” por motivos afectivos o de reconocimiento a su candidato.
Envejecimiento del conductor
El envejecimiento del conductor y el correlativo crecimiento de los hijos es un factor perturbador muy importante, en cuanto va generando, de manera habitualmente solapada, una lucha por la sucesión en la que los factores afectivos suelen predominar respecto de los intereses de la empresa.
EMPRESAS FAMILIARES: CONFLICTOS ENTRE HEREDEROS
Los mayores conflictos entre los herederos de una empresa familiar son los que ocurren en la segunda generación, es decir los que van a continuar la empresa familiar luego de la muerte o retiro del fundador. Son pocos los grupos familiares que pasan con éxito esta dura prueba. Los que logran superarla están en mejores condiciones de planificar la transmisión de la empresa a sus propios herederos, mediante un pacto familiar o por otros medios adecuados que favorezcan la continuidad de la empresa..
La posibilidad de continuación de la empresa familiar, luego de la muerte o retiro de la generación que la conducía, depende de que los herederos puedan resolver los conflictos que habitualmente ocurren en el cambio generacional.
Los conflictos afectivos entre los herederos son los que hay en toda familia. Celos entre los hermanos, como las peleas contra el preferido del padre. Envidias en que alguno quiere algo sólo porque lo quiere el otro. Recelos infantiles ante una decisión por la que el padre puso a trabajar a sus hijos en lugares diferentes, que llegan a generar un rencor porque alguno de ellos lo tomó como una muestra de preferencia afectiva y no como un reconocimiento de una mejor aptitud para el trabajo que le asignó. El propio amor que los herederos sentían por el empresario fallecido puede ser un factor de perturbación, porque algunos desearán ser como él y así luchar por ocupar el lugar que dejó vacante.
DIVORCIO – LOS PELIGROS QUE LLEVAN AL CIERRE DE LA EMPRESA
La empresa corre peligro cuando la mujer y el hombre no se ponen de acuerdo en la parte económica.
El riesgo que a la empresa le genera el tema de los alimentos, no es tan grande como cuando la dificultad entre las partes se refiere a la distribución del valor de la empresa.
La ley autoriza al cónyuge que no maneja la empresa a pedir medidas judiciales para impedir que quien la maneja lo defraude.
Estas medidas pueden ser embargos sobre ciertos bienes, inhibiciones contra la persona, bloquear el uso de la caja de seguridad, designación de un interventor judicial en el negocio, etc.
Todas estas medidas perturban el manejo de la empresa: si la persona está inhibida no puede vender ni sacar una hipoteca si la necesita, o si una propiedad está embargada es difícil que consiga un préstamo, y menos aun venderla. Pero la medida que perturba muy especialmente la marcha del negocio es la designación de un interventor judicial.
El interventor judicial es alguien que se instala dentro del negocio, controla todo lo que se hace e informa de ello al juez. El tiempo que le lleva al interventor hacer este control es mucho más lento que el de los negocios, con lo que frena el ritmo que el empresario o la empresaria tiene en su gestión. Además, todo lo que se hace estando el interventor, tiene que ser con los papeles a la vista.
No podemos decir que estas medidas de por sí lleven al cierre del establecimiento. No son las medidas sino el tiempo en que éstas se prolongan. Si estas medidas duran mucho tiempo, la empresa puede dejar de ser redituable al hacerse más lentos los ritmos de trabajo por el control del interventor, disminuyen los márgenes de beneficios y aumentan los costos enormemente. Los gastos del juicio también aumentan con la mayor duración y con la intervención de diferentes profesionales, todos los cuales se llevan un buen porcentaje del valor de la empresa. Entonces, además de lo que hay que pagarle al interventor, están los honorarios de los peritos que brindan sus servicios profesionales en el juicio, como los contadores, médicos, calígrafos, etc. y los mismos abogados de cada parte. Todo ese enorme gasto sale del valor del negocio.
Este costo, además de la incomodidad de estar en el propio negocio atado de manos, lleva a un estado de abatimiento que a veces puede llevar al cierre de la empresa.
Autor Dr. GUSTAVO ARAMBURU
http://dr-gustavo-aramburu.blogspot.com.ar/2012/07/sociedades-familiares-conflictos.html
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